CHEMSEX
SEXUALIDAD, CONSUMO Y SALUD MENTAL
Cuando el sexo, las sustancias y el malestar emocional empiezan a mezclarse
El chemsex hace referencia al uso intencional de determinadas sustancias psicoactivas en contextos sexuales, normalmente con el objetivo de intensificar el placer, facilitar la desinhibición, prolongar los encuentros o aumentar la sensación de conexión y euforia.
Aunque puede darse en diferentes contextos, es una práctica especialmente presente dentro de algunos espacios de hombres gays, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres, en parte por factores sociales, culturales y relacionales específicos.
Para algunas personas puede vivirse inicialmente como una experiencia placentera, liberadora o asociada a exploración sexual y sensación de pertenencia. Sin embargo, en otros casos puede acabar generando malestar emocional, pérdida de control, dificultades sexuales, aislamiento, ansiedad o situaciones de riesgo que terminan afectando a distintas áreas de la vida.
Muchas personas tardan en pedir ayuda porque sienten vergüenza, miedo al juicio o dificultad para hablar abiertamente de sexualidad y consumo. Otras minimizan el impacto porque entienden estas dinámicas como algo “normal” dentro de ciertos entornos o porque sienten que todavía mantienen el control. Sin embargo, no es necesario haber llegado a una situación extrema para poder pedir ayuda o empezar a cuestionarse cómo se está viviendo todo esto.
Aunque puede darse en diferentes contextos, es una práctica especialmente presente dentro de algunos espacios de hombres gays, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres, en parte por factores sociales, culturales y relacionales específicos.
Para algunas personas puede vivirse inicialmente como una experiencia placentera, liberadora o asociada a exploración sexual y sensación de pertenencia. Sin embargo, en otros casos puede acabar generando malestar emocional, pérdida de control, dificultades sexuales, aislamiento, ansiedad o situaciones de riesgo que terminan afectando a distintas áreas de la vida.
Muchas personas tardan en pedir ayuda porque sienten vergüenza, miedo al juicio o dificultad para hablar abiertamente de sexualidad y consumo. Otras minimizan el impacto porque entienden estas dinámicas como algo “normal” dentro de ciertos entornos o porque sienten que todavía mantienen el control. Sin embargo, no es necesario haber llegado a una situación extrema para poder pedir ayuda o empezar a cuestionarse cómo se está viviendo todo esto.
¿Cuándo puede empezar a convertirse en un problema?
No existe una línea exacta que determine cuándo una práctica pasa a ser problemática. En muchas ocasiones el cambio ocurre de forma gradual y la persona no siempre se da cuenta al principio. Algunas señales son:
- Sensación de pérdida de control sobre el consumo o las prácticas sexuales.
- Necesidad de consumir para poder disfrutar del sexo o sentirse cómodo en situaciones íntimas.
- Episodios de ansiedad, bajones emocionales o vacío después de los encuentros.
- Dificultad para poner límites, descansar o desconectar.
- Aislamiento social o deterioro de otras áreas de la vida.
- Riesgo sexual elevado o dificultad para cuidarse durante las sesiones.
- Conflictos con la pareja, amistades o entorno.
- Uso del sexo y las sustancias como forma de escapar del malestar emocional.
Chemsex, autoestima y necesidad de validación
Detrás del chemsex pueden existir experiencias muy diferentes y no todas las personas llegan a estas dinámicas por los mismos motivos.
Para algunas personas está relacionado con la búsqueda de placer, exploración o conexión social. Para otras, puede convertirse también en una forma de aliviar inseguridades, reducir la ansiedad social, escapar temporalmente del malestar emocional o sentirse deseadas y aceptadas.
Hay quienes explican que únicamente logran soltarse sexualmente bajo los efectos de determinadas sustancias o que sienten que sin ellas vuelven la vergüenza, la inseguridad corporal o el miedo al rechazo. En algunos casos también pueden existir experiencias previas de discriminación, bullying, rechazo familiar, homofobia interiorizada, trauma o dificultades importantes de autoestima que terminan influyendo en la forma de vivir la sexualidad y las relaciones.
Esto no significa que todas las personas que practican chemsex tengan un problema psicológico de base, pero sí que en ocasiones el consumo termina convirtiéndose en una estrategia de regulación emocional difícil de sustituir.
Para algunas personas está relacionado con la búsqueda de placer, exploración o conexión social. Para otras, puede convertirse también en una forma de aliviar inseguridades, reducir la ansiedad social, escapar temporalmente del malestar emocional o sentirse deseadas y aceptadas.
Hay quienes explican que únicamente logran soltarse sexualmente bajo los efectos de determinadas sustancias o que sienten que sin ellas vuelven la vergüenza, la inseguridad corporal o el miedo al rechazo. En algunos casos también pueden existir experiencias previas de discriminación, bullying, rechazo familiar, homofobia interiorizada, trauma o dificultades importantes de autoestima que terminan influyendo en la forma de vivir la sexualidad y las relaciones.
Esto no significa que todas las personas que practican chemsex tengan un problema psicológico de base, pero sí que en ocasiones el consumo termina convirtiéndose en una estrategia de regulación emocional difícil de sustituir.
puede resultar dificil parar
Muchas personas sienten frustración porque intentan reducir o dejar estas dinámicas y vuelven a ellas repetidamente. Esto puede generar culpa, sensación de fracaso o miedo a que “algo esté mal” en ellas.
Sin embargo, el chemsex suele implicar una combinación muy potente de factores biológicos, emocionales y sociales. No solo interviene el efecto neuroquímico de las sustancias, sino también la intensidad de la recompensa sexual, la sensación de conexión, la reducción temporal de inseguridades y el contexto social asociado a estas experiencias.
Además, después de las sesiones pueden aparecer bajones emocionales importantes relacionados con la sobreestimulación, la falta de sueño, el desgaste físico o los cambios neuroquímicos producidos por las sustancias. Muchas personas describen ansiedad intensa, irritabilidad, vacío emocional, tristeza o sensación de desconexión tras los encuentros, lo que en algunos casos favorece que el ciclo vuelva a repetirse como forma de aliviar ese malestar.
Sin embargo, el chemsex suele implicar una combinación muy potente de factores biológicos, emocionales y sociales. No solo interviene el efecto neuroquímico de las sustancias, sino también la intensidad de la recompensa sexual, la sensación de conexión, la reducción temporal de inseguridades y el contexto social asociado a estas experiencias.
Además, después de las sesiones pueden aparecer bajones emocionales importantes relacionados con la sobreestimulación, la falta de sueño, el desgaste físico o los cambios neuroquímicos producidos por las sustancias. Muchas personas describen ansiedad intensa, irritabilidad, vacío emocional, tristeza o sensación de desconexión tras los encuentros, lo que en algunos casos favorece que el ciclo vuelva a repetirse como forma de aliviar ese malestar.
Salud mental, límites y reducción de riesgos
No todas las personas que acuden a terapia tienen el mismo objetivo. Algunas quieren dejar completamente el consumo, mientras que otras buscan entender qué les está ocurriendo, recuperar sensación de control, reducir riesgos o mejorar su relación con la sexualidad y consigo mismas.
El trabajo terapéutico puede orientarse a comprender qué necesidades emocionales están apareciendo detrás de estas dinámicas y desarrollar otras formas de regulación emocional y autocuidado. También puede ayudar a trabajar la impulsividad, la autoestima, la gestión de límites, la ansiedad social, el vínculo con el propio cuerpo o las dificultades relacionales que puedan estar influyendo.
La terapia no consiste en moralizar ni juzgar la sexualidad de la persona. El objetivo es generar un espacio seguro desde el que poder entender lo que ocurre sin estigma y acompañar procesos de cambio que sean realistas y sostenibles.
El trabajo terapéutico puede orientarse a comprender qué necesidades emocionales están apareciendo detrás de estas dinámicas y desarrollar otras formas de regulación emocional y autocuidado. También puede ayudar a trabajar la impulsividad, la autoestima, la gestión de límites, la ansiedad social, el vínculo con el propio cuerpo o las dificultades relacionales que puedan estar influyendo.
La terapia no consiste en moralizar ni juzgar la sexualidad de la persona. El objetivo es generar un espacio seguro desde el que poder entender lo que ocurre sin estigma y acompañar procesos de cambio que sean realistas y sostenibles.
el chemsex en terapia
A veces pedir ayuda cuesta porque existe miedo a encontrarse con profesionales que juzguen la orientación sexual, las prácticas sexuales o el consumo. Por eso muchas personas pasan años sosteniendo el malestar en silencio.
La terapia puede ofrecer un espacio donde hablar de sexualidad, diversidad, consumo y salud mental desde una mirada respetuosa y libre de prejuicios. En ese contexto es posible empezar a comprender qué función está cumpliendo el chemsex, qué necesidades emocionales hay detrás y qué impacto está teniendo realmente en la vida de la persona.
En algunos procesos el objetivo será recuperar control sobre determinadas conductas. En otros, reconstruir la relación con la intimidad, el deseo, el cuerpo o la autoestima. También puede trabajarse la reducción de culpa y vergüenza, el manejo de recaídas o la creación de estrategias de autocuidado y límites más saludables.
La terapia puede ofrecer un espacio donde hablar de sexualidad, diversidad, consumo y salud mental desde una mirada respetuosa y libre de prejuicios. En ese contexto es posible empezar a comprender qué función está cumpliendo el chemsex, qué necesidades emocionales hay detrás y qué impacto está teniendo realmente en la vida de la persona.
En algunos procesos el objetivo será recuperar control sobre determinadas conductas. En otros, reconstruir la relación con la intimidad, el deseo, el cuerpo o la autoestima. También puede trabajarse la reducción de culpa y vergüenza, el manejo de recaídas o la creación de estrategias de autocuidado y límites más saludables.
Si te has sentido identificadx, podemos ayudarte
¿Cómo saber si podría ser autista siendo adulta/o?
Muchas personas autistas llegan a la adultez sin diagnóstico o sin haber identificado antes sus rasgos, especialmente si han utilizado estrategias de adaptación o camuflaje social. Algunas señales pueden incluir agotamiento social, sensación de ser “diferente”, necesidad de rutinas o sensibilidades sensoriales, aunque cada experiencia es diferente.
¿Es necesario tener diagnóstico para acudir a terapia ESPECIALIZADA EN NEURODIVERGENCIA?
No. Trabajamos tanto con personas con diagnóstico previo como con personas que están explorando una posible neurodivergencia. Actualmente no realizamos procesos diagnósticos ya que nuestro trabajo se centra en el acompañamiento terapéutico
¿SER TEA ES UNA ENFERMEDAD?
NO. El espectro autista es un neurotipo, es decir, una forma de "ser" y sentir. Todas las personas somos neurodiversas y por ello somos y sentimos el mundo de una forma distinta. Las personas "neurotípicas" se les nombra de esta manera porque su neurotipo es más frecuente en la población, pero ser neurodivergente no es ni mejor ni peor que ser autista.